Siempre hemos tenido una relación especial con Marruecos; puede que sea porque fue el primer país no europeo visitado, pero inmediatamente sorprendió y enamoró a la gente.
La hemos visitado en varias ocasiones, siempre sintiéndonos como en casa, fascinados por este mundo tan cercano geográficamente pero también tan lejano.
Cerca de Tinghir y el cañón del Todra, es posible escalar las montañas del Atlas para hacer senderismos hermosos. El clima es muy variable, dependiendo no solo de las perturbaciones sino también de la arena levantada por los vientos del Sahara.
Los senderos están bien señalizados, aunque en algunas ocasiones un GPS no resultaría mal. Tienes la oportunidad de visitar pequeños pueblos habitados por gente pobre y disfrutar de un silencio total.
Los senderos están bien señalizados, aunque en algunas ocasiones un GPS no resultaría mal. Tienes la oportunidad de visitar pequeños pueblos habitados por gente pobre y disfrutar de un silencio total.
Un entrelazamiento de muros de color ocre asciende la colina bajo un cielo despejado: esta es la medina de Fez, uno de los lugares más fascinantes y suspendidos en el tiempo de Marruecos. En la imagen, las casas antiguas se solapan como un mosaico irregular, iluminadas por una luz cálida que realza las texturas crudas de las fachadas. Los tejados verdes de las mezquitas brotan de la aglomeración, mientras que las antenas y los detalles contemporáneos se mezclan de forma natural con la arquitectura centenaria.
Las estructuras parecen vivir y respirar, trayendo consigo el eco de siglos de historia, comerciantes, artesanos y peregrinos. Se puede sentir el alma auténtica de Fès el-Bali, la parte más antigua de la ciudad, un laberinto que conserva las fragancias de especias, tiendas tradicionales y voces que se entrelazan en los callejones.
Esta vista captura perfectamente la esencia de la medina: un lugar donde pasado y presente conviven, donde cada pared cuenta una historia y cada perspectiva te invita a perderte y sorprenderte.
Las estructuras parecen vivir y respirar, trayendo consigo el eco de siglos de historia, comerciantes, artesanos y peregrinos. Se puede sentir el alma auténtica de Fès el-Bali, la parte más antigua de la ciudad, un laberinto que conserva las fragancias de especias, tiendas tradicionales y voces que se entrelazan en los callejones.
Esta vista captura perfectamente la esencia de la medina: un lugar donde pasado y presente conviven, donde cada pared cuenta una historia y cada perspectiva te invita a perderte y sorprenderte.