Visitada en 2019, Turquía nos sorprendió con la belleza de Estambul, las maravillas de Capadocia y la inmensidad de Anatolia, con vestigios del pasado grecorromano.
El Valle de las Rosas es uno de esos lugares que sorprenden incluso cuando crees que ya has visto todo sobre Capadocia. Las rocas parecen crecer del suelo como esculturas dejadas allí por el viento, y el camino serpentea entre formas que cambian de color con cada rayo de sol. Es un paisaje silencioso, casi suspendido, que te acompaña paso a paso sin prisa.
La fotografía retrata con gran claridad las ruinas arqueológicas de Afrodisias, inmersas en un paisaje amplio y luminoso del campo turco.
En primer plano se pueden ver muros bajos e irregulares de piedra, construidos con bloques de luz desgastados por el tiempo, que delimitan habitaciones antiguas ahora sin techo. Las superficies están marcadas por la erosión y salpicadas de pequeñas aberturas cuadradas, probablemente restos de antiguos pasajes o nichos. Entre las estructuras emergen mechones de hierba y vegetación espontánea, que contribuyen a dar una sensación de abandono y retorno a la naturaleza.
En el centro de la imagen se alza una fila de columnas de mármol blanco, algunas intactas y otras parcialmente en ruinas. Las columnas se alzan verticales y ordenadas, creando una secuencia sugerente que recuerda inmediatamente la grandeza original del lugar. Algunos capiteles aún son visibles, mientras que otros están ausentes o muy deteriorados.
En el lado derecho de la escena hay restos adicionales de muros y estructuras más altas, lo que sugiere la presencia de edificios más complejos. Estas ruinas, aunque fragmentarias, dan testimonio de la grandeza arquitectónica de la antigua ciudad.
En primer plano se pueden ver muros bajos e irregulares de piedra, construidos con bloques de luz desgastados por el tiempo, que delimitan habitaciones antiguas ahora sin techo. Las superficies están marcadas por la erosión y salpicadas de pequeñas aberturas cuadradas, probablemente restos de antiguos pasajes o nichos. Entre las estructuras emergen mechones de hierba y vegetación espontánea, que contribuyen a dar una sensación de abandono y retorno a la naturaleza.
En el centro de la imagen se alza una fila de columnas de mármol blanco, algunas intactas y otras parcialmente en ruinas. Las columnas se alzan verticales y ordenadas, creando una secuencia sugerente que recuerda inmediatamente la grandeza original del lugar. Algunos capiteles aún son visibles, mientras que otros están ausentes o muy deteriorados.
En el lado derecho de la escena hay restos adicionales de muros y estructuras más altas, lo que sugiere la presencia de edificios más complejos. Estas ruinas, aunque fragmentarias, dan testimonio de la grandeza arquitectónica de la antigua ciudad.