Las Islas Canarias son un mundo aparte: más Marruecos que España. Se puede ver en los colores de los cañones, en los paisajes interiores, en la arena que el viento ha traído del Sahara.
Por desgracia, solo visitamos Fuerteventura.
Entre los paisajes salvajes de Fuerteventura, donde el viento esculpe la roca y el silencio llena el horizonte, emerge este pequeño túmulo, una señal humana en medio de la naturaleza volcánica de la isla. Piedras equilibradas que indican el paso de los viajeros, rodeados de montañas áridas, líquenes y colores del desierto. Un rincón auténtico e intacto de Fuerteventura, donde la tierra se encuentra con el cielo